Castro

Después de seis décadas no habrá un Castro en el poder en Cuba.
Pero, ¿eso significa que habrá un cambio en el modelo político, económico y social?

Para el abogado constitucionalista venezolano Sergio Urdaneta, esa es la pregunta.

¿Se trata del cambio de un hombre o del cambio de un modelo?

De esta manera inicia el debate.

—Porque si el cambio del hombre significa el cambio del modelo, entonces entran en proceso de transformación las libertades civiles, religiosas y políticas.

El preámbulo de la Constitución cubana establece que lo más importante para la isla es llevar adelante la revolución encabezada por Fidel Castro.

El poder revolucionario se comenzó a erigir con la construcción del socialismo y con el Partido Comunista de Cuba en 1959. Desde entonces, los únicos presidentes que han conocido los isleños se apellidan Castro.

Pero en abril, cuando Raúl Castro entregue el poder, tal vez se escriba otro nombre: Miguel Díaz-Canel.

Un marco histórico

La estructura de Estado, establecida en el texto magno cubano, le da protagonismo al pueblo. El artículo 3 asegura que del pueblo dimana todo el poder. Pero el poder es ejercido directamente por las Asambleas del Poder Popular y demás órganos del Estado que de ellas se derivan.

Todo Estado comunal se basa en la participación ciudadana directa que conforma al poder popular, de acuerdo con el trabajo El estado comunal, del académico José Ignacio Hernández. Se expresa en una unidad básica: comunidad organizada.
Teniendo estos cimientos, ¿cómo se explica que se le pase por encima al soberano?

En este punto es necesario remitirnos al marxismo clásico:

El politólogo e historiador Jorge Villasmil lo explica así:

—El Estado burgués privilegia las libertades individuales, contrario al comunal, que exalta la comunidad. No aparecen las personas; sí las fuerzas y las estructuras económicas. Lo colectivo.

En socialismo, se habla de planificación social y central de la economía. Hay un Estado interventor. Si usted tiene una panadería, la nación le dirá cómo hacer el pan, a qué precio venderlo y cuánta cantidad producir. También fijará el salario de sus trabajadores.

Lo que se piensa en el liberalismo —que se manifiesta en las economías de mercado— es que para que las cosas funcionen el Estado no tiene que intervenir porque los agentes económicos, con su propia lógica, son capaces de regular las asimetrías sociales, detalla Villasmil.

Un verdadero cambio en Cuba implicaría transformar el modelo político y la Constitución porque allí se establece a Cuba como una nación socialista, controladora de todas las libertades y los modelos de participación política, de la actividad económica, régimen de propiedad y soberanía y participación.

Eso lo refuerza Sergio Urdaneta.

Apertura y flexibilización

De manera que el traspaso de Poder en Cuba no significa modificar los componentes constitucionales de la isla, explica el historiador y analista Juan Romero.

Seguirá siendo una nación con un sistema unipartidista. Se mantendrán los mismos mecanismos eleccionarios y de participación.

Lo que sí sucederá, a juicio de Romero, es una flexibilización y apertura en materia económica.

La economía cubana intenta, como lo hizo China, ir hacia un sistema mixto. La Ley de Inversión Extranjera lo prueba. Esto no ocurría desde 1959.

—China, por su parte, se adelantó desde los 90. Funciona con un sistema político de partido único, pero con una economía mixta. Es decir, una economía que controla en términos socio-productivos la distribución de los beneficios de la apertura liberal que tiene en la zona costera.

Así, es posible que Cuba marche con un sistema binario de economías: una con apertura al capital internacional y otra que se centre en la distribución interna.

Sergio Urdaneta está de acuerdo.

—Pudiéramos estar hablando de una evolución para lograr algunos objetivos que tenga planteado el modelo.

No los Castro, el modelo.

El constitucionalista va más al fondo y asegura que el modelo requiere financiamiento, requiere ajustarse para sobrevivir.

Y eso no supone cambiarlo.

—Sencillamente, hacer que el modelo se adecúe a los nuevos tiempos para lograr oxigenarse con inversiones europeas, inversiones norteamericanas, incluso chinas.

Las nuevas generaciones exigen cambios

A mediados de enero, los sacerdotes Castor José Álvarez de Devesa —Camagüey—, José Conrado Rodríguez Alegre —Trinidad— y Roque Nelvis Morales Fonseca —Holguín— escribieron una carta abierta a Raúl Castro.

En ella, abordaron la «necesidad apremiante de hacer cambios en la isla para evitar sucesos violentos que sólo añadirían más sufrimiento inútil».

La misiva ahonda sobre «la falta de libertades para los cubanos, la difícil situación económica y la necesidad de garantizar derechos políticos y religiosos a los ciudadanos», de acuerdo con el sitio web CubaNet.

Es que las nuevas generaciones de cubanos exigen transformaciones.

—Ya la población civil cubana siente que más de 60 años de penurias y angustias y limitaciones no tienen sentido. Lo que quieren es otro modelo que permita participación políticamente, el ejercicio libre de la libertad política, intelectual y cultural— salva Sergio Urdaneta.

Para el abogado constitucionalista, el traspaso de poder de Raúl castro es «cosmetología política».

—El tema de dejar el poder se teje para engañar a la población, también para engañar a la comunidad internacional. Porque necesitan inversores que desarrollen actividades económicas orientadas a mantener el sistema comunista que está en agonía.

El escenario y los actores

La postulación del vicepresidente Miguel Díaz-Canel no es improvisada, reseña el portal web El Clarín. Desde los 90, camina en la Revolución.

Luego de que Fidel Castro dejara el mando en 2006, y con su hermano Raúl a la cabeza, ocupó importantes cargos.

En público, Díaz-Canel no demuestra entusiasmo frente a la posibilidad de ser el próximo mandatario de Cuba.

Habrá presidentes siempre defendiendo la Revolución, y serán compañeros que saldrán del pueblo.

Ocurra lo que ocurra, lo que sí tiene claro Díaz-Canel es que la sucesión presidencial no significará una ruptura en el sistema cubano.

—Yo no concibo las rupturas en nuestro país, creo que ante todo tiene que haber continuidad.

Y si hay continuidad, no hay cambios.

 

Imagen: AP

  • Isabel Cristina Morán

    Periodista de En Conflictos. Diez años de experiencia en periodismo. Narradora. Magíster en Literatura Venezolana. Docente de Periodismo y Literatura.

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