violencia intrafamiliar

Por encima del crimen organizado está la violencia intrafamiliar en Latinoamérica.

Lidera la lista la violencia contra los niños (60 %), en segundo lugar, la violencia intrafamiliar contra las mujeres (59 %). Le sigue el crimen organizado (58 %)

Los datos son de 2018, y los arroja la investigación de la Corporación Latinobarómetro. Su estudio anual asoma un tipo de violencia que, por segundo año consecutivo, lidera la lista de conflictos en la región: la intrafamiliar.

Esta es la «más dañina para la sociedad».

El sociólogo Ender Toda no duda en afirmar que «la sociedad está inmersa en un clima de violencia». Violencia que «va de abajo hacia arriba y se instala en el núcleo de la sociedad, que es la familia».

Entonces se evidencia cómo la se abusa físicamente de las mujeres y se maltrata a los pequeños.

Porque por algún lado debe salir «la descarga».

Latinoamérica es «arena experimentada». Los peleadores han desarrollado afición por la violencia como método de supervivencia. Combaten a su manera.

—Lo que pasa en las casas es el reflejo de la sociedad de hoy— sentencian psicólogos.

A este modo de agresión, le sigue la violencia en las calles con 57 % y las maras y pandillas con 51 %. El bullying cuenta con cifras crecientes: 43 %. Lo secunda la violencia verbal, con 37 %.

Campos de guerra

Las calles de esta región del continente son, muchas veces, lugares apartados. Allí donde pandilleros le «rajaron» el estómago a Julio, un mexicano común de 16 años.

Julio está a punto de entrar a secundaria. Desde preescolar estudia en una escuela pública y, por ser gordo y no agradarle a otros compañeros, casi muere. Ahora se recupera en casa.

—Ejercer presión física y psicológica en otros es la vía con la que algunos creen que pueden obtener cosas— explica la psicóloga Gabriela Urdaneta.

El agresor de Julio viene de un hogar dispar, en una de las regiones más «rojas» de América Latina. El padre se divorció porque su mujer lo engañó. Toda la frustración la depositó en el hijo.

El hombre usó el castigo físico en vez de la palabra. Por tanto se acostumbró a usar la violencia como la respuesta más rápida ante estímulos no agradables.

—Como todo está en un clima de violencia, una vez que la sociedad se refugia en el seno más íntimo, el hogar, esa ira no es exorcizada sino que se descarga contra las mujeres y niños. Es una violencia encriptada en toda la sociedad civil. Casi es patología social.

El ser humano se forma en el núcleo familiar, se adelanta a dejar claro Gabriela Urdaneta. Lo acompañan los papás o figuras cuidadoras. Estas, muchas veces, no desarrollan vínculos afectivos, lo que sumerge al niño o joven en escenarios tóxicos.

—Entonces, ese ser humano se forma en un ambiente que no lo blinda con respeto y buen trato y, al salir a la sociedad, a interactuar con otros, manifiesta las conductas aprendidas.

Fausto Garmendia Lorena, investigador peruano y coordinador del Programa Permanente de Capacitación para la Atención Integral de la Víctimas de la Violencia (PPCAIVV, en su trabajo La violencia en América Latina alude que las formas frecuentes de violencia contra jovencitos y «ellas» —castigo físico y psicológico, privación de afecto y trabajo forzado— tienen diversos factores.

Discriminación, inequidad, hogares disfuncionales, hacinamiento familiar, mala orientación educativa, drogadicción, problemas de ira y alcohol, mal empleo del tiempo libre y degradación de valores.

Esas formas de violencia violan, sistemáticamente, los derechos humanos.

El documento de Latinobarómetro concluye que, lejos de solventarse el conflicto, el panorama es poco alentador, lo cual produce tensión política, social y económica en las naciones de la región.

Abajo las armas

Lo más probable es que Julio y su agresor repitan el patrón experimentado en casa. A menos de que una figura positiva entre a su vida y lo incentive a redireccionar su esquema natural, salva Gabriela Urdaneta.

Pero también existe la posibilidad de que no pase. Porque Julio se acostumbró a vivir en una sociedad sin reglas. En palabras del sociólogo Ender Arenas: una sociedad hundida en la anomia.

En Venezuela, por ejemplo. En Venezuela todo se «está tambaleando»: la salud, educación, las normas sociales, el empleo estable, la seguridad física y alimenticia.

Y eso disgrega el núcleo fundamental: la familia.

Porque, ¿dónde se refugia el hombre y la mujer? En la familia.

—Estas sociedades no siguen reglas. No se conduce a la gente en torno a pautas y normas de conducta. Hay pocos sectores que hacen pasar sus valores como los valores de todos.

¿El diagnóstico? «Crisis socionormativa».

—De hecho, la anomia se expresa porque hoy estamos en una guerra de todos contra todos.

Y la sociedad se disgrega.

Se fragmenta.

Y los grandes conceptos de vida se disuelven: Dios, familia, amigos, patria…

Gabriela Urdaneta y Ender Arenas coinciden en que el punto clave es la reeducación que integra y no disgrega.

Así, jóvenes como Julio y su agresor pueden cambiar esquemas errados.

—Pudieran ser figuras que le aporten herramientas y estrategias para redecidir —argumenta Urdaneta.

Para ella, es fundamental hacerse conscientes de «la turbiedad de agua» latinoamericana para luego implementar estrategias que rescaten los valores.

Y para Arenas, es elemental que las cosas que socialmente se han roto funcionen: la certeza de un empleo digno, de seguridad, salud, educación y alimentación.

 

Imagen externa: odt.co.nz | Imagen interna: iStock Photos

  • Isabel Cristina Morán

    Periodista de En Conflictos. Diez años de experiencia en periodismo. Narradora. Magíster en Literatura Venezolana. Docente de Periodismo y Literatura.

  • Mostrar comentarios (0)

Your email address will not be published. Required fields are marked *

comentario *

  • nombre *

  • email *

  • website *