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De las plataformas sociales nos cuidaríamos, entonces, dejando de hablar tanto de nosotros mismos.

Mark Zuckerberg, fundador y director ejecutivo de Facebook, se enfrenta en este momento a una querella legal que lo pone entre la espada y la pared. Después de la filtración de datos de 87 millones de usuarios de la red social, da la cara a la justicia.

La consultora británica Cambridge Analytica usó datos y formó perfiles psicológicos para la campaña presidencial del mandatario norteamericano Donald Trump, por lo que «supuestamente se interfirió en el resultado de las elecciones estadounidenses que llevaron a Donald Trump a ocupar la Casa Blanca en 2016».

El escándalo crece desde entonces.

La verdad es que se debe ser más cauteloso, coinciden los expertos en redes sociales Oliver Ollarves y Daniela Rincón. Decir menos acerca de nuestras rutinas.

Las comunidades virtuales son aldeas. Y como aldeas, interconectan a las personas desde cualquier parte del mundo, aclara Rincón, asesora de redes sociales y profesora universitaria. En ese proceso de publicar o evidenciar para que los demás «estén siempre conectados con nuestra vida o quehacer cotidiano, violamos nuestra privacidad».

Estas comunidades virtuales forman parte de un «ambiente global pero frío», Allí, «las marcas se preocupan más por hacerte sentir especial y que tengan su lado humano, pero entras en el debate de publicar lo que tienes en bienes o logros materiales y expones un tipo de información que te ponen en el riesgo de que las marcas las usen a su favor».

Porque estas marcas estudian el perfil del usuario y sus gustos, agrega Daniela Rincón.

Plataformas interconectadas

Alexis Blanco se sabe la vida de Alexánder. No lo conoce en persona, solo por Instagram, Facebook y WhatsApp. Está al tanto de su rutina: a las 6.00 de la mañana va al gimnasio, desayuna huevos y pan tostado, se toma un batido de proteína después de entrenar y antes de las 9.00 está en la universidad, listo para entrar a sus clases de Música.

En una oportunidad, tuvieron una conversación por WhatsApp. Alexánder le dijo que quería comerse un postre de chocolate. Y Alexis lo secundó. Al día siguiente, vio que una de las sugerencias publicitarias de Instagram fue una marquesa de chocolate.

La explicación de los expertos es simple: «todo lo que se escribe en WhatsApp, lleva a una búsqueda en IG».

Escribes dulce, comida, chocolate, y ves que Instagram, por ejemplo, empieza a publicar o a mostrar imágenes de comida, frutas y postres. Eso es porque las plataformas están interconectadas.

Porque, como asegura Oliver Ollarves, asesor de redes sociales y facilitador en marketing digital, lo que se comenta en Instagram o Twitter también es posible verlo en las plataformas de redes sociales y en las agencias de marketing.

—Cuando abrimos una cuenta, le decimos a las grandes empresas de redes quiénes somos, cómo nos llamamos, dónde vivimos, dónde trabajamos, nuestros gustos, con quienes conversamos, mencionamos las marcas que nos agradan, cuáles son nuestras rutinas… y todo. Y de alguna forma se alimenta una gran base de datos acerca de nosotros.

Cuidado con la «ingeniería social»

Mark Zuckerberg dio su testimonio ante el Congreso de Estados Unidos el 11 de abril por el caso que envuelve a la red con más de 2.000 millones de usuarios en el mundo.

Los detalles revelan que «Cambridge Analytica recuperó en 2014, a través de un cuestionario psicológico respondido por más de 300.000 personas, los datos de 87 millones de usuarios». Eso le permitió a la empresa británica crear una base de datos importante antes de ser contratada para la campaña de Trump.

—En esa época, las aplicaciones autorizadas por una persona tenían acceso a los datos de sus amigos, lo que explica la gran cantidad de afectados. Esta opción fue suprimida en 2014, pero Zuckerberg ha reconocido que la red social debe mejorar el control del uso de datos realizado por las aplicaciones — indicó la AFP.

Oliver Ollarves pone un ejemplo:

—Un anunciante quiere hacer una campaña publicitaria en dólares y segmentará el público. Se quiere dirigir a quienes viven en Maracaibo (ciudad al occidente de Venezuela) cuyas edades oscilan entre 25 y 40 años y que les interese trabajar en publicidad. Facebook, con base en toda la información que entregamos, dice a los anunciantes mira, yo tengo a personas que cumplen con tus parámetros. Págame y te las muestro.

Porque en estas plataformas «se paga con información».

Ese es el peligro de ofrecer información para que las empresas de social media se enteren.

Pasa que somos muy abiertos a mostrarnos. Incluso información muy personal, como la cédula de identidad.

—En el caso de Venezuela, el número de identidad se asocia al lugar donde se vota, a la incidencia de multas de tránsito o al estado del pago de cuotas de Seguro Social y un montón de información adicional.

Cómo una empresa de Marketing llega a tener tanta información sobre usuarios de redes sociales ya no es un secreto. Ollarves revela que hay muchas aplicaciones usadas a modo interno.

Eso se llama «ingeniería social».

—Esta ciencia analiza conductas basándose en la información que los usuarios brindan. A veces sucede que nos hackean una cuenta porque nuestro número de cédula está disponible en Google. Y mucha gente usa su número de cédula, fecha de nacimiento o el nombre de su madre para claves de correos y redes.

Porque la ingeniería social eso hace: «descubrir nuestra información personal disponible en Internet para poder acceder a nuestros sistemas».

Por lo tanto, de las plataformas sociales debemos cuidarnos más. Disminuir la información que brindamos. Proteger a las personas con las que conversamos. Y crear consciencia de la sobreexposición con la que colaboramos.

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  • Isabel Cristina Morán

    Periodista de En Conflictos. Diez años de experiencia en periodismo. Narradora. Magíster en Literatura Venezolana. Docente de Periodismo y Literatura.

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