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Anna M. Fernández, en su estudio Las mujeres en la política latinoamericana, admite las características «flexible, abierta y proclive al diálogo» de «ellas».

La articulista Fernanda Brollo se pregunta si son más honestas las féminas políticas que sus homólogos masculinos

Y dos venezolanas, Blanca Rosa Mármol, exmagistrada del Tribunal Supremo de Justicia, y María Alexandra Semprún, docente de Sociología Política en la Universidad Rafael Urdaneta, se adelantan para decir no.

No. La realidad muestra que no. Antes, Mármol era proclive a creerlo. Pero sus 37 años en el poder judicial venezolano le desmoronó todo argumento. Ahora se une al grupo partidario de que el género no determina la condición de honestidad en la política latinoamericana.

Retrocedamos al 10 de diciembre de 2007. Cristina Fernández toma el poder en Argentina. Es su discurso inaugural. Se presenta como Cristina Fernández, no «de Kirchner», sin apellido de casada. Le habla a su «bando», a «ellas».

La investigadora María Belén Romero, en La construcción del ethos en el discurso inaugural de Cristina F. de Kirchner, apoya la definición de la argumentación como el «estudio de las técnicas discursivas que permiten provocar o aumentar la adhesión de las personas a las tesis que se presentan para su asentimiento» e incluye los tres pilares de argumentación de Aristóteles: ethos —ligado a la moral—, pathos —ligado a los argumentos afectivos— y logos —ligado a los argumentos lógicos—.

Le da mayor relevancia dentro de su estudio al ethos, pues su análisis del discurso de la expresidenta argentina está dentro del orden de lo afectivo y lo moral. Así, concluye que los argumentos ligados al logos se unen al lema y al mensaje mismo del discurso, usándose los argumentos lógicos para persuadir a un auditorio en torno a un punto de vista; mientras que los vinculados con el pathos, se centran en el orden puramente afectivo y los argumentos emocionales.

Aún así, el final de Cristina Fernández terminó oscurecido por la corrupción.

¿Mala «racha»?

La experiencia venezolana le demuestra a Blanca Rosa Mármol que un declive del papel femenino en la política del país. Ha llegado al punto de «pensar/sentir vergüenza de género con el desempeño de las mujeres en este régimen».

Hemos visto presidentas del Tribunal Supremo de Justicia, Consejo Nacional Electoral, Fiscal General de la República en la mayor falta de ética y en la corrupción más grande. Pero debo decir que la honestidad no se puede definir por sexo.

Al hablar del caso latinoamericano, la experiencia varía.

—Confiaba Dilma en Brasil, y mira…Y cuando llegó Michelle Bachelet a Chile había muchas expectativas, sin embargo, su empeño por mantenerse en el poder le restó punto. En ese sentido, creo que la alternabilidad es fundamental.

Blanca Rosa Mármol conoció a muchos jueces en el Tribunal Supremo de Justicia de su país. Hombres y mujeres. Y «había de todo». Honestos y deshonestos. «Allí, no había consideración alguna por la justicia».

Se dice que las mujeres son más asertivas al momento de resolver los conflictos porque hablan desde el afecto. Y Mármol le da relatividad a esa aseveración. Vio a figuras femeninas «estudiadas y honestas, muy buenas jueces». Y también ejemplos masculinos.

Los «porqués»

Para 2008, Anna M. Fernández cuantificaba la participación política de «ellas» en el mundo en 17,7 %. En 1995 era de 11,5 %,

—En 22 países, las mujeres ocupan más de 30 % de las carteras ministeriales. Seis de esos países son latinoamericanos (el porcentaje de mujeres ministras o secretarias de Estado se ha incrementado en la región de 17 % a 23,2 %). En Chile, las mujeres ocupan 9 de los 22 ministerios; en Ecuador, 7 de 16; y en Perú, 6 de 16, para citar los casos más notables. En Argentina, Chile, Ecuador y Uruguay hay mujeres al frente de las carteras de Defensa. Y en Venezuela, Uruguay, Paraguay y Brasil las mujeres presiden las cortes de justicia o son sus vicepresidentas, como en Argentina— arguye el estudio.

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Este ascenso femenino al poder debe explicarse no desde el movimiento social feminista sino desde la sociología política.

A María Alexandra Semprún no le agrada hablar de estudios que desconoce. Pero como observadora de fenómenos sociales, sí ofrece sus consideraciones.

Hoy día, una reunión de junta directiva es mal vista si no hay una mujer dentro.

Porque sabe, por experiencia, que «donde hay mujeres, las cosas funcionan mejor».

—Son voces femeninas que se presentan como portadoras de grupos de familias. Eso se observa mucho en las familia indígenas.

Un ejemplo típico: Rigoberta Menchú.

Rigoberta Menchú es una indígena guatemalteca y defensora de la paz y derechos humanos, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1992.

Pasa mucho en Venezuela que en las organizaciones, cooperativas y juntas comunales hay presencia femenina, especialmente si son organizaciones wayuu —una de las etnias indígenas nacionales—.

—Porque los wayuus no son un martiarcado, pero la figura de la mujer es muy importante, ya que son «cabezas» de familia. En eventos importantes y trágicos, la voz cantante es mujer debido a que representa los valores de la familia.

Ejemplos de mujeres preponderantes en la política hay muchos. Hillary Clinton, en Estados Unidos, y Angela Merkel, en Alemania, son un «botón». Han roto estereotipos al buscar posiciones protagónicas, a pesar de la concepción de que «ellas» asumen conductas que siempre se han considerado masculinas.

—La verdad es que la presencia de las mujeres en Latinoamérica ha sido fundamental. Desde las poetisas y escritoras del sur, como Gabriela Mistral y Teresa de la Parra, hasta aquellas que aun cuando han estado a la sombra de sus esposo, han logrado volar solas, como Alicia de Caldera, esposa del expresidente venezolano Rafael Caldera.

 

Imagen externa: Huffington Post | Imagen interna: Forbes

  • Isabel Cristina Morán

    Periodista de En Conflictos. Diez años de experiencia en periodismo. Narradora. Magíster en Literatura Venezolana. Docente de Periodismo y Literatura.

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